La fe, la neutralidad política y el fanatismo
Actualizado: 25 jun
Si algo nos ha demostrado las elecciones de este año y las elecciones anteriores, es que la política en Colombia está fracturada. Y duélale a quien le duela; es la verdad. Estamos rodeados de fanáticos, en vez de gente sensata que pelea por la verdad, por los derechos y por la vida. Esto nos compete a todos, y al igual que la religión peleamos por los derechos que idolatramos como si fuesen verdades absolutas.
La derecha, así como la izquierda tienen cosas buenas por rescatar. Así como también hay cosas malas y fraudulentas. Pero como hemos olvidado la objetividad de lo que esto representa, hemos declarado a boca llena que quienes no piensen iguales a nosotros, deben ser considerados enemigos acérrimos que tenemos la obligación de destripar.
¿Desde cuando pensar diferente se volvió un blanco que nos incomode? ¿Desde cuando hay que seguir un mismo patrón de comportamiento para poder encajar en los estándares de la superioridad y la oligarquía? Lo que me lleva a pensar, que si no aceptamos que hay diversidad en la multiculturalidad que nos representa, hemos fracasado como nación y por ende menospreciado lo polifacético que somos. ¿O es que acaso Dios y la vida nos otorgaron el derecho legítimo de la verdad? Nadie lo tiene. Y eso es lo que nos hace diferentes y valiosos. Ya esta bueno de seguir arrullando la polarización solo porque no estamos de acuerdo con los ideales de los demás. Respetemos y permitamos que los demás se expresen libremente, sin temor a ser juzgados y señalados.
En la antigüedad, la iglesia era un factor fundamental para la toma de decisiones gubernamentales, hasta que esta también se corrompió, y políticamente hablando, redució y lapidó a quienes no pensaban iguales a ellas. Olvidaron el evangelio de salvación y condenaron a quienes tenían un pensamiento crítico. Y no conformes con esto escogieron un bando, satanizando todo lo que estuviera ligado a un estilo de vida anticristiano o en su defecto, a quienes vivían la vida de manera diferente, aún sin importar si estos tuvieran en sus acciones un poco de bondad y criterio. Lo que me da la sensación, de que al paraíso (promesa de Dios para sus hijos), le pusieron un precio invaluable e imposible de alcanzar. En pocas palabras, mercadearon con la fe, e hicieron de sus privilegios un club exclusivista.
“Todo lo bueno del ser humano está acá, y los demás están condenados al infierno por sus pecados”. Por lo menos en ese sentido, así se están vendiendo para los “inconversos” (personas que no viven la fe a tiempo completo). Lo que me lleva a orillarme al otro extremo de la orilla. Si la fe es así de autoritaria y clasista para los perdidos, ¿con que moral o con que cinismo se predica el evangelio de salvación, si al pisar una iglesia te van a vender una idea o un concepto sin tener las más mínimas intensiones de cuestionar? Insisto ¿quién nos hizo dueños de la verdad y por qué estas no nos permiten que pensemos libremente si se supone que Cristo nos hizo libres? ¿O es que acaso los únicos actos para tomar decisiones son los líderes que nos preceden? Aquí lo único que se nota, es que se ha normalizado el terrorismo espiritual como excusa de salvación. En pocas palabras, sino haces lo que tus líderes dicen (“los escogidos por Dios”), serás considerado un rebelde o un incauto. Palabras más, palabras menos: "La iglesia apuñaló a quienes debían abrazar, y trasquiló de manera autoritaria las ovejas descarriadas del Señor."
En el antiguo testamento, el mismo Dios, proclamó al pueblo de Israel como su pueblo escogido y los premio con grandes beneficios espirituales. Lo que nos lleva a reconocer que al descarriarse este también, por justicia divina, si así se le puede llamar, fueron condenados por el mismísimo Dios al destierro del paraíso celestial, por practicar los pecados que el mismo les prohibió, llevándolos a la miseria, partiendo lo que hoy conocemos como historia en dos. Y es que para poder darle fin a este largo círculo vicioso de pecados e irresponsabilidades, puso sobre la mesa el ya conocido libre albedrío, como una propuesta de redención que se hizo efectiva a través de la cruz al ser partícipes del regalo no merecido de la salvación por medio de los actos plausibles de Dios. Es decir, si cumples de manera libre y genuina lo que Dios te ordena, aceptando la gracia inmerecida de su hijo Jesús, amando a Dios y al prójimo como a ti mismo, ya eres salvo por consecuencia propia. Por lo menos, estos son los requisitos básicos que nos ilustra la biblia para ser salvos. Sin embargo, estos beneficios no fueron entregados solo al pueblo de Israel, sino también al resto del mundo. Esto se conoce hoy en día, como el nuevo pacto de la salvación. Lo que me hace cuestionar un poco la coherencia cristiana de la actualidad. Si Dios nos ve a todos por igual, y nos perdono a todos por medio de la cruz y su hijo, ¿porque la iglesia rechaza al que piensa y vive diferente? ¿por qué la iglesia destila veneno ante quienes tienen una postura política o ideológica diferente? Y no. No estoy hablando de las propuestas políticas en sí, ni mucho menos de las iniciativas que parecen ir en contra de la voluntad de Dios. Como lo dije al comienzo, ambas posturas políticas tienen algo bueno que rescatar. Lo preocupante aquí, es cómo satanizan a la una y santifican a la otra, como si estás no tuvieran errores por las cuales se puedan cuestionar.
En 1ra de Timoteo 2:1-2 dice que el apóstol Pablo exhorta a la iglesia a realizar oraciones, súplicas y acciones de gracias por "todos los que están en autoridad" (lo que incluye reyes, presidentes y líderes políticos), con el propósito de llevar una vida tranquila, sosegada y piadosa. Lo que me lleva a preguntar ¿de donde salió esa idea de que Dios escogió un bando para mostrar su autoridad y su apoyo a la humanidad? Esto no solo me genera dudas, sino también cuestionamientos de cuán fracturada está la iglesia actual. Bien lo dijo Jesús en su parábola, cuando dijo que nadie puede servir a dos señores: o amara a uno u odiará al otro, pero dos puntos medios no puede haber. Sin embargo, también fue claro en cuanto a la política, que al Cesar lo que es de César y a Dios, lo que es de Dios. Lo que me lleva a reafirmar la exhortación del apóstol Pablo, al tratar de decir que el cristiano no debe mezclarse en la política, sino más bien orar por ellos para que hagan la voluntad de Dios en lo mas justo posible.
“De nada sirve proclamar la soberanía de un bando, si con tus acciones estás generando división y discordia”.
Ahora, sí, está bien que el Cristiano tenga el recelo de escoger a alguien que se alinee a los pensamientos de Dios o al mandato de su palabra. Lo que nos lleva a escoger a uno de manera un poco más acertada. Sin embargo, ¿qué gobernante hace la voluntad de Dios? Para mí, ninguno. La política es corrupta por si sola, y en nombre de la fe se han hecho atrocidades a lo largo de la historia. Lo que nos lleva a que muchos ponen en su boca el nombre de Dios, cuando su corazón está lejos de ello. Es por esa razón que así como el apóstol Pablo, considero que el cristiano no debe escoger bandos, sino que más bien debería orar para que su próximo gobernante tenga la afinidad de poner sus planes en manos de Dios y hacer lo que mejor se pueda para su pueblo. Ahora, porque yo tenga una afinidad política en la mira, esto no quiere decir que tengo la obligación de interponer una idea que ni siquiera Dios a reafirmado. Dios quita y Dios pone, pero que Él tenga un escogido para gobernar jamás. De hecho, estoy más que seguro que Dios permite que ciertos gobernantes nos gobiernen para que sepamos elegir mejor y con mucha más claridad. Es decir, votar con neutralidad. Si tenemos un candidato simpatizante, ese es nuestro candidato, no el de los demás. Y si quieres brindarle una opinión a los demás, sobre por quien deben votar. No entres en el oscuro vicio de adoctrinar como quien tiene la verdad. Y da tu postura política con argumentos y parcialidad. Es decir, reconociendo lo bueno y lo malo de ambos simpatizantes.
“El fanatismo al igual que la religiosidad, le han causado grandes sesgos al pensamiento humano, así como las guerras han causado grandes divisiones.”
Es por ello, que mi invitación es que hagamos las pases con lo que realmente importa: nuestra nación y sus derechos. ¿Y por qué no terminar citando a la icónica Abigaíl Mejía con una de sus obras más significativas?: "Justicia y amor es nuestro lema, pero en nombre del amor no se debe cometer acto de injusticia, ni con lo más alto [...] ni con los más débil".
Referencias:
1 de Timoteo 2:1-2, Reina-Valera 1960 ® © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.
Abigail Mejía, Ideario feminista, 1939, Clásicos Dominicanos. Serie II. Ensayos, Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, 2020
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