Yo sí juzgo un libro por su portada
Mira, yo te voy a decir una vaina: “Yo sí juzgo un libro por su portada”, y déjame y te explico el porqué.
Para mí, un libro es la memoria escrita de algo que no queremos olvidar, y estos pueden remover cosas, así como también disminuir (en cierta forma) el error y, por consiguiente, nuestra propia ignorancia, lo que indica que un buen libro, para no ser olvidado, debe empezar por su propia portada. En palabras más simples, si su portada no tiene coherencia con su contenido, para mí no cumplió su cien por ciento de objetividad.
Ahora, yo sé que muchos me dirán: «Pero eso es banal y poco relevante». Sí, tal vez para muchos sea así, pero desde la lógica de la mente y la percepción no. Y esto lo explica muy bien la psicología del marketing, que, a su vez, trata de simplificarlo de la siguiente manera:
El vínculo afectivo entre marca y consumidor: esta es la base principal de la estrategia, la cual busca ir más allá de la venta tradicional, conectando con los valores, los recuerdos y las necesidades afectivas del cliente para generar pertenencia.
Las experiencias y sensaciones: esta se centra en lo que el público vive al interactuar con la marca, ayudando a destacar en un entorno saturado de información, estimulando los sentidos y guiando la toma de decisiones a través de vivencias memorables.
El concepto de Lovemark (marcas que enamoran): esta define a las marcas que logran una lealtad extrema y respeto absoluto, creando historias genuinas, haciéndolas parte de la vida cotidiana del consumidor y transformando a simples clientes en fieles defensores de la marca.
El marketing de contenidos con propósito: esta utiliza historias reales (storytelling) y contenido de valor (branded content) para así permitirse entender las necesidades reales de la audiencia, comunicando, en cierta forma, el mensaje de manera interesante, útil y profundamente humana.
Partiendo de esta idea, se puede decir que lo visual en un producto sí importa: la marca, el logo, el contenido, la publicidad y todo lo relacionado con él. Ahora, si realmente queremos impactar y dejar una huella, el camino más fácil es el marketing con propósito; en palabras más simples: marketing emocional. De nada nos sirve imponer un producto si no hay respeto por la calidad y la autenticidad. Es por ello que, volviendo al tema de los libros, me permito mencionar que si un libro a simple vista no impacta, no genera una conexión genuina con un lector, pierde por completo su credibilidad. Y esto lo digo desde el respeto y la consideración, ya que como autor y lector me he visto en la penosa obligación de admitir que muchas veces he ignorado ciertos títulos por sus portadas. Y esto te lo digo por una sencilla razón: los autores con mayor renombre no necesitan de un concepto para vender su marca, porque su trayectoria habla por ellos; sin embargo, muchos de sus lectores coincidirán en que sus escritos pudieron tener una mejor imprenta a la hora de mostrárselos al público en general, comentándolo como una crítica superficial de lo que pudo ser un diez de diez.
Sin embargo, esto no puede suceder con los autores relativamente nuevos, y este es el punto al que quiero llegar. Supongamos que llegas a una librería y no estás buscando un libro en especial, pero aún así te quieres llevar algo nuevo y diferente de lo que comúnmente sueles leer. Recorres estantería por estantería y no ves algo que te atrape, hasta que por fin llegas a un punto en específico y encuentras a un autor que no habías visto ni oído jamás. Visualmente el libro captó tu atención y comienzas a leer su sinopsis para ver si es lo que realmente estás buscando. Después de mirar los pros y los contras, finalmente decides comprarlo como apuesta de lo que realmente podrías descubrir. Terminas de leerlo y descubres que, más allá de su título y de su portada, encontraste más que una joya literaria.
¿Qué quiero decir? Así como nuestro cerebro asimila una crítica inconsciente sobre algo que no conocemos, de la misma forma todo aquello que no genere la mayor empatía con nosotros lo etiquetará como poco relevante.
¿Lo has notado?
¿Sabes a dónde quiero llegar?
Yo sé que sí. Y es que así como el cerebro tiende a conectar redes neuronales para vincular un concepto sobre otro, de la misma forma sucede con todo nuestro ámbito cotidiano. Y sí, puede que al comienzo estuviese hablando de libros y portadas, pero el concepto que te acabo de mencionar va a hacía un extremo más profundo. Y es que hace algunos años no lo veíamos de esa forma, pero así como funcionan los productos, funcionan nuestras percepciones y la forma en como nos proyectamos. Hoy en día somos una marca, un producto y una utilidad. De la forma en que nos proyectemos, así nos comprarán. Por eso, el desarrollo de una marca personal es tan importante como tener una carrera profesional. Es por ello que reitero lo que dije al comienzo: «Un libro sí se puede juzgar por su portada», porque eso demuestra no solo tu presencia y el modo en que te proyectarás, sino que también resaltará tu calidad y tu atención al detalle.
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